Lo esencial no es invisible a los ojos

¡Cómo puede ser! Que siendo las 7 a.m. salte de la cama enérgico y veloz por la ilusión de comenzar mi día saboreando un delicioso café de especialidad. Pues sí, así son los pequeños placeres adultos, que despiertan la motivación de uno, siendo uno, el aquí presente, varón que una vez viviendo en Barcelona se convirtió en barista por su gran pasión de llevar a cabo el Gran Ritual que supone la Preparación del Café de Especialidad.

“El primer Sorbo de Café por la mañana”… merecería un capítulo entero de sensaciones y aromas, pero a gusto del que redacta, podría metafóricamente ser algo muy similar -al primer beso-; un instante lleno de placer, sabor y recuerdo, que por suerte para los amantes del café de especialidad, repetimos cada mañana.

Pues bien, voy al grano. Y nunca mejor dicho. 

Tras una ducha rápida, muy rápida, mis pies me dirigen hasta la cocina. A modo de repaso, confirmo cuántos somos hoy en casa para que las matemáticas no fallen y mi ritual sea todo un éxito.

Allá voy a por mi Hario V60 y el café en grano. Esta vez elijo uno procedente de Etiopía (Guji), de la finca Wacho Sololo. 

Antes de nada, lo huelo -puro fetiche -, cojo el filtro, el molinillo y mi pequeña pero tan precisa balanza. 

Os confesaré que me da pena no poder divertirme haciendo latte art, pero bueno.. eso lo dejo para cuando estoy cumpliendo mi servicio de pie frente a La Marzocco,

Con los cálculos ya hechos comienzo con el paso a paso: muelo el café mientras disfruto de cómo se esparce el aroma por toda la casa. Mi novia se encarga de confirmar que “vamos bien” con un: – ummm, huele de maravilla-; caliento el agua (siempre filtrada y de la mayor pureza posible). Humedezco el filtro para quitarle el sabor a papel y pongo el reloj a cero ya que debemos ser precisos cuando a café de especialidad respecta. El agua ya está a punto y aquí vamos: primer vertido durante 15 segundos (la cantidad que vierta depende de cuánto café esté preparando) comenzando por el borde exterior hacia el centro en una espiral constante. Hacemos una pausa y esperamos unos 30 segundos para que el café libere el CO2.

Suena la campana y vamos por el segundo round. Volvemos a vertir agua pero esta vez comenzamos por el centro yendo hacia el borde exterior en espiral constante. Hacemos la segunda pausa, ahora de entre 45/60 segundos.

La espera mata pero siempre acaba llegando la recompensa…

Tercer y último round, esta pelea ya está ganada y estamos listos para levantar el trofeo: esa taza de café de especialidad que determinará el continuar de nuestro día. Vertimos lo que nos queda de agua en unos 20 segundos y acompañamos el final con la mirada. Si las paredes del filtro acaban limpias es una buena señal, ¡hemos hecho un gran trabajo!

Lo dejamos reposar en el gotero para luego servirlo y dejarlo otro tantito en la taza, lo olemos y nos topamos de cara con el primer momento más esperado del día; todas nuestras papilas gustativas enfocadas en las notas del café, nos abstraemos de todo para que los aromas de una de las bebidas más antiguas de la tierra se conviertan en toda una experiencia sin igual.

Nuestro día ha comenzado, estamos listos para lo que sea.